Cómo construir una economía “verde”, según Krugman
En al edición de El País de hoy, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, nos ofrece un extenso artículo sobre las razones estrictamente económicas que le llevan a defender un profundo cambio del modelo productivo para reducir las emisiones de carbono.
Me gusta leer a economistas reconocidos explicar el cambio climático y sus consecuencias. Sir Nicholas Stern nos explicó ya hace unos años que no dedicar el 1% del PIB Mundial a prevenir el Cambio Climático en los próximos 2o años nos puede llevar a recducir el PIB Mundial entre un 5 y un 20% antes de 2050. Hoy, Krugman, advierte de que la política debe tener más perspectiva que los mercados y tiene que incorporar una variable que estos no manejan ni manejarán: el futuro de las generaciones venideras.
Y desde un enfoque estrictamente económico, Krugman se decide por “ponerle un precio a las emisiones, de tal manera que este coste quede a su vez incorporado en todo lo demás de una forma que refleje los impactos medioambientales finales“.
Muchas veces he tenido que debatir sobre si las energías renovables son más caras que las convencionales. Y siempre respondo lo mismo: Sí, siempre y cuando sigamos sin internalizar el coste económico que tiene la reducción de las emisiones que generan las energías “sucias”. El día en que dejemos de hacernos trampas en el solitario y repercutamos en las facturas de la energía los costes reales, las renovables serán un “chollo”.
Y Krugman lo explica muy bien con un ejemplo: “Cuando los compradores vayan a la frutería, por ejemplo, se encontrarán con que las frutas y las verduras que vienen de lejos tienen precios más altos que las locales, lo que será en parte un reflejo del coste de los permisos de emisión o impuestos pagados para enviar esos productos. Cuando las empresas decidan cuánto gastarse en aislamiento, tendrán en cuenta los costes de la calefacción y el aire acondicionado, que incluyen el precio de los permisos de emisión o los impuestos pagados por la generación de electricidad. Cuando las instalaciones eléctricas tengan que elegir entre distintas fuentes de energía, tendrán que tener en cuenta que el consumo de combustibles fósiles irá asociado a unos impuestos más altos o unos permisos más caros. Y así sucesivamente. Un sistema basado en el mercado crearía incentivos descentralizados para hacer lo correcto, y ésa es la única forma de hacerlo“.
Así y sólo así, estaremos empezando a hablar del tránsito a una economía verde.
Lo dicho, absolutamente recomendable.






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